Carlos Ramírez de Arellano “380 años del héroe que dio su vida por Melilla”. Una efeméride para recordar

Carlos Ramírez de Arellano
“380 años del héroe que dio su vida por Melilla”
Una efeméride para recordar

El próximo 18 de julio de 2026 se cumplirán 380 años de la heroica muerte de don Carlos Ramírez de Arellano, uno de los personajes más representativos de la historia militar de Melilla. Su sacrificio durante la defensa de la plaza frente a un numeroso contingente enemigo en 1646 lo convirtió en símbolo de valor, entrega y fidelidad al servicio de la Corona. La ciudad mantiene vivo su recuerdo a través de una céntrica calle dedicada a su nombre y de un monumento levantado en el Segundo Recinto Fortificado de Melilla la Vieja, muy cerca del lugar donde recibió sepultura.

REY FELIPE IV_CONDE DUQUE OLIVARES

Un noble soldado al servicio de la Corona
Carlos Ramírez de Arellano pertenecía a la ilustre familia de los Condes de Aguilar y ostentaba el título de Caballero del Hábito de Santiago. Antes de llegar a Melilla, había desarrollado una brillante carrera militar como Sargento Mayor en la plaza de Oran,  una de las principales fortalezas españolas del norte de África.

“380 años del héroe que dio su vida por Melilla”
En 1646 fue nombrado Alcaide y Gobernador interino de Melilla durante la ausencia del titular, don Gabriel de Peñalosa, desplazado a Málaga con motivo de una inspección ordenada por la Corona. Aquellas visitas reales tenían como finalidad supervisar el estado de las fortificaciones, la disciplina de las tropas y el correcto funcionamiento de las plazas presidiales españolas.

La jornada que lo convirtió en leyenda
La Melilla del siglo XVII vivía sometida a continuas amenazas. Las salidas para proteger los huertos, abastecer de agua a la población o vigilar el entorno suponían un constante riesgo para la guarnición. En la tarde del 18 de julio de 1646, una patrulla española fue sorprendida por jinetes enemigos. Aunque inicialmente parecía un enfrentamiento de escasa importancia, pronto se comprobó que todo formaba parte de una emboscada cuidadosamente preparada. Al conocer la situación, Carlos Ramírez de Arellano decidió salir personalmente al frente de los soldados disponibles para socorrer a sus hombres. Pese a las recomendaciones de prudencia de algunos oficiales, avanzó más allá de las posiciones defensivas, convencido de que debía impedir el ataque enemigo. En pocos minutos las tropas españolas quedaron rodeadas por fuerzas muy superiores. El combate fue extremadamente duro y terminó con la muerte del gobernador interino y de numerosos soldados que combatieron junto a él hasta el último momento. Los cronistas de la época atribuyeron su fallecimiento a su «temerario valor», una expresión que resume perfectamente el espíritu de un militar que prefirió afrontar el peligro antes que abandonar a sus hombres. Su cuerpo fue recuperado posteriormente y recibió sepultura en la antigua ermita de Nuestra Señora de la Victoria, situada en Melilla la Vieja.

CARLOS RAMÍREZ DE ARELLANO, GOBERNADOR DE MELILLA

Una calle que perpetúa su memoria
Más de dos siglos después, la ciudad quiso perpetuar su recuerdo dando su nombre a una de las principales vías del ensanche urbano. La calle Carlos Ramírez de Arellano fue denominada así en 1903, a propuesta del secretario de la Junta de Arbitrios, Manuel Ferrer Machuca. Esta céntrica calle, que comunica el Parque Hernández con la avenida General Buceta, constituye además uno de los mejores ejemplos del desarrollo urbanístico de la Melilla de comienzos del siglo XX. En ella se conservan interesantes edificios de arquitectura modernista y clasicista, integrando el recuerdo del antiguo gobernador dentro del patrimonio histórico y arquitectónico de la ciudad.

El monumento del Segundo Recinto Fortificado
El principal homenaje material a Carlos Ramírez de Arellano se encuentra en la Plaza de Armas, en el Segundo Recinto Fortificado de Melilla la Vieja. Allí fue inaugurado el 19 de marzo de 1965 un monolito erigido sobre el solar donde antiguamente se levantaba la ermita de Nuestra Señora de la Victoria, lugar en el que fue enterrado tras su muerte; coincidiendo con la conmemoración del 190.º aniversario del Levantamiento del Sitio de Melilla (1775-1965) en una organizada por las autoridades civiles y militares que sirvió para rescatar definitivamente del olvido la figura del gobernador. Según recogía la prensa de la época del El Telegrama de Melilla; la ceremonia comenzó con la bendición del monumento por el reverendo padre Ramón Villacidayo, seguida de una emotiva ofrenda de una corona de laurel con cintas con los colores nacionales y de la ciudad de Melilla. El homenaje fue realizado conjuntamente por el alcalde Francisco Mir Berlanga y el Comandante General José Muslera González-Burgos, simbolizando la unión entre la ciudad y su guarnición en el recuerdo de uno de sus grandes defensores. Especial emoción produjo la guardia de honor que permaneció junto al monumento hasta la puesta de sol. Varios lanceros del Regimiento Blindado de Caballería II, con uniforme de gala, custodiaron durante toda la jornada el monolito, ofreciendo una de las imágenes más solemnes de aquella conmemoración. Finalizados los actos en Melilla la Vieja, las autoridades se trasladaron a la entonces Avenida del Generalísimo, donde tuvo lugar un brillante desfile militar en el que participó buena parte de la guarnición de la ciudad. Desfilaron unidades del Regimiento de Infantería Melilla n.º 52, los Grupos de Regulares de Melilla n.º 2 y Alhucemas n.º 5, el Tercio Gran Capitán 1.º de La Legión, el Regimiento Blindado de Caballería II y los Regimientos de Artillería n.º 9 y n.º 32, poniendo el broche de oro a una jornada dedicada a recordar la historia militar de Melilla y a quienes dieron su vida por su defensa. El monumento consiste en una columna truncada sobre un pedestal de piedra del Gurugú y conserva una inscripción que recuerda al «infortunado y valeroso alcaide» fallecido el 18 de julio de 1646, «víctima de su temerario valor». Se trata de uno de los rincones más evocadores del conjunto monumental melillense y constituye un lugar de referencia para quienes desean conocer la historia de la defensa de la ciudad.

CALLE CARLOS RAMIREZ DE ARELLANO MELILLA

La España que defendía Melilla
Carlos Ramírez de Arellano desarrolló su trayectoria militar durante el reinado de Felipe IV (1605-1665), conocido como «el Rey Planeta», en una de las etapas más complejas de la historia de la Monarquía Hispánica. El monarca delegó gran parte del gobierno en su valido, el Conde-Duque de Olivares, cuya política exterior llevó a España a participar simultáneamente en numerosos conflictos, entre ellos la Guerra de los Treinta Años, la reanudación de la guerra con las Provincias Unidas, el enfrentamiento con Francia y las hostilidades con Inglaterra. Este enorme esfuerzo bélico provocó un profundo desgaste económico y varias bancarrotas de la Hacienda Real. Fue en este escenario de continuas campañas militares cuando Carlos Ramírez de Arellano defendió heroicamente Melilla en 1646, simbolizando el sacrificio de los soldados españoles en un periodo de grandes dificultades para la Corona. Pocos años después, España reconocería la independencia de las Provincias Unidas mediante la Paz de Westfalia (1648) y tras el Tratado de los Pirineos (1659); cedería importantes territorios a Francia, confirmándose el declive de la hegemonía española en Europa. No obstante, el reinado de Felipe IV también coincidió con uno de los momentos de mayor esplendor cultural de España. Gran mecenas de las artes, impulsó el Siglo de Oro de la literatura y la pintura, reunió una de las colecciones artísticas más importantes de Europa —origen del actual Museo del Prado— y protegió a destacados escritores y artistas de la época. De este modo, el heroísmo de Carlos Ramírez de Arellano se enmarca en un tiempo de contrastes, en el que el esplendor cultural convivía con el progresivo debilitamiento político y militar de la Monarquía Hispánica.

Mir Berlanga y Cte General Jose Muslera

380 años de un legado que sigue vivo
La conmemoración del 380.º aniversario de la muerte de Carlos Ramírez de Arellano, el próximo 18 de julio de 2026, constituye una magnífica ocasión para recordar a uno de los grandes protagonistas de la historia de Melilla. Gracias a los relatos de cronistas como Gabriel de Morales, Rafael Fernández de Castro y Francisco Mir Berlanga, su figura ha permanecido viva generación tras generación. Tres siglos y ocho décadas después de su sacrificio, su nombre continúa presente en el callejero, en el monumento que recuerda su enterramiento y en la memoria colectiva de la ciudad, como ejemplo de servicio, valentía y compromiso con la defensa de Melilla. Su legado forma parte inseparable del patrimonio histórico melillense y representa uno de los episodios más significativos de la historia de la ciudad española en el norte de África.

Juanjo Florensa
Asociación Melilla para la UNESCO

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